El horizonte azul de la ciudad
ha curado mi grisura.
Ahora vivo del viento,
de las ramas de mi árbol genealógico,
de mi propia memoria
aún convaleciente.

El horizonte azul de la ciudad
ha curado mi grisura.
Ahora vivo del viento,
de las ramas de mi árbol genealógico,
de mi propia memoria
aún convaleciente.
Solo a ti te revelé mi nombre.
Cómo imaginar que lo destrozarías
sílaba a sílaba
dejando mi alma a la intemperie.
Bajo todas tus palabras hay un código secreto. Cuando escribes, todo el mundo se reduce a la alternancia todo/nada, cero/uno. Cuando dices que me extrañas,