Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.

Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.
Solo a ti te revelé mi nombre.
Cómo imaginar que lo destrozarías
sílaba a sílaba
dejando mi alma a la intemperie.
Bajo todas tus palabras hay un código secreto. Cuando escribes, todo el mundo se reduce a la alternancia todo/nada, cero/uno. Cuando dices que me extrañas,