Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.

Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.
No dejas de mirar la hoja cibernética del mundo. Qué esperas, qué buscas, qué añoras. Aguardas a que surjan las palabras como si de agua
A la sombra de un laurel, bajo el tiempo inesperado de los ángeles, oyendo el resquemor de lo perdido. Un libro que señala los caminos.
Siempre hay otro camino, personas que te quieren, miradas más allá de este cansancio. No saltes. No te cuelgues. Cierra el cuaderno y vive.
Si lograra unir mi palabra al mar y comprender la voz de la tormenta; mirar a la luz y por fin saber cuál fue mi