Dije tantas cosas
cuando escribí tu nombre
que se impregnó mi mano
del aliento enfermo de la pérdida:
la soledad irremediable de mi vida,
la ausencia oscura
por donde se resbala
el tiempo malherido de mis ojos.

Dije tantas cosas
cuando escribí tu nombre
que se impregnó mi mano
del aliento enfermo de la pérdida:
la soledad irremediable de mi vida,
la ausencia oscura
por donde se resbala
el tiempo malherido de mis ojos.
Solo a ti te revelé mi nombre.
Cómo imaginar que lo destrozarías
sílaba a sílaba
dejando mi alma a la intemperie.
Bajo todas tus palabras hay un código secreto. Cuando escribes, todo el mundo se reduce a la alternancia todo/nada, cero/uno. Cuando dices que me extrañas,