Otra vez me detengo

delante de esta playa y del recuerdo:

las manos de mi madre, 

mi cubo y mi rastrillo

y un sándwich de nocilla a media tarde.

Mi infancia hecha de sol y caracolas

y juegos de pelota y pilla-pillas.

El mar llegó, con el levante

y arrastró consigo los castillos…

Intento comprobar, desde la orilla

que “nada puede ser de otra manera,

la huella siempre muere con la espuma

y es así como vivimos”, nos decían.

 Sonrío con las algas porque sé

que a pesar de la voz de sus gaviotas,

de rastros con verdades en oferta,

conservo alguna concha en los bolsillos

para escribir la vida a mi manera.

Compartir

Comentarios

Otros poemas

PENA DE MUERTE

Cuando caigas finalmente, sabrás que no mentía aquella noche: ni la ciudad, ni el cielo, ni el olvido calman las miradas errantes. Condenados estuvimos desde

Leer más »

PALABRAS

El mar es un diálogo perdido de orillas separadas por el viento. A veces traen las olas sus palabras casi ahogadas,  hambrientas, estrechas,  silenciosas. Encallan

Leer más »

PALABRA ILUMINADA

Escribo, luego existo porque digo mi vida  y al decirla la construyo. Porque sueño la vida y al soñarla, la canto. Y cantar es vivir

Leer más »