Es el viento, decías, es el viento
quien conoce las orillas
de los años calcinados,
y dejabas la mirada perdida
en el horizonte de la tarde,
allí donde respira el porvenir
el aliento incorruptible de la muerte.

Es el viento, decías, es el viento
quien conoce las orillas
de los años calcinados,
y dejabas la mirada perdida
en el horizonte de la tarde,
allí donde respira el porvenir
el aliento incorruptible de la muerte.
Solo a ti te revelé mi nombre.
Cómo imaginar que lo destrozarías
sílaba a sílaba
dejando mi alma a la intemperie.
Bajo todas tus palabras hay un código secreto. Cuando escribes, todo el mundo se reduce a la alternancia todo/nada, cero/uno. Cuando dices que me extrañas,