Es el viento, decías, es el viento
quien conoce las orillas
de los años calcinados,
y dejabas la mirada perdida
en el horizonte de la tarde,
allí donde respira el porvenir
el aliento incorruptible de la muerte.

Es el viento, decías, es el viento
quien conoce las orillas
de los años calcinados,
y dejabas la mirada perdida
en el horizonte de la tarde,
allí donde respira el porvenir
el aliento incorruptible de la muerte.
Nadie me obligó a quedarme. Yo solo realicé el camino, yo levanté esta vida con mis manos. Volé con la ilusión de un niño chico
El horizonte azul de la ciudad ha curado mi grisura. Ahora vivo del viento, de las ramas de mi árbol genealógico, de mi propia memoria
Desde la Luna la hermosura azul latía en soledad y en el silencio oscuro. Vimos por primera vez, tan bella, nuestra casa. Se intuye desde
De dónde ese derecho a darme vida. Por qué con este limo de palabras me entregas a la vista de los otros. Ignoro qué pecado