No hemos dicho nada desde entonces.

Nos ciega la luz, la evidencia despiadada

de haber dejado ir 

lo que jamás fue de ninguno.

La mañana pone en los balcones

un rastro de quietud y de victoria,

un poso de triunfo en los geranios.

A las diez la claridad es tan ligera,

tan ligeros los murmullos de los tilos,

tan efímera la vida.

Son la luz, la soledad, la ligereza,

palabras que designan lo perdido:

la dulce y ya añorada densidad

de tu cuerpo en la tiniebla.

Compartir

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email

Comentarios

Otros poemas

VIDA

Lo que soy es un recuerdo que una vez tuve de niño.

Leer más »

VALLAS

La música del mundo es una lágrima de viento malherido en los alambres. La noche y su jirón de estrella y sueños. La vida agazapada

Leer más »

UN PÉTALO

Hay una rosa en los atardeceres, un pétalo en la luz de los amantes heridos por espinas y palabras. Una fragancia en cada boca, el

Leer más »

Un grito a la esperanza

«El yo lírico se convierte en viajero forzoso, en un caído Ulises que, sin elección, viaja impelido por arribar a su particular paraíso al que llegará según le han contado».

Leer más »