He de vivir otra lengua

para vivir otra vida.

Una lengua de araucarias,

de voces de levante en los geranios,

de mares helados y verdes,

con la que poder nombrar el cielo

sin temor a convertirlo en una cáscara.

Que cuando diga yo

sea yo lo que pronuncie,

y, cuando me pronuncie,

signifique una mirada libre y calma,

una luz al galope por mis venas.

Verbos con los que escribir

el miedo de ser hombre y el orgullo

de haber nacido hombre en este tiempo,

verbos con los que leer 

mi vida en los bolsillos de tu vida

y el tiempo en la mejilla de tus pasos.

Compartir

Comentarios

Otros poemas

PENA DE MUERTE

Cuando caigas finalmente, sabrás que no mentía aquella noche: ni la ciudad, ni el cielo, ni el olvido calman las miradas errantes. Condenados estuvimos desde

Leer más »

PALABRAS

El mar es un diálogo perdido de orillas separadas por el viento. A veces traen las olas sus palabras casi ahogadas,  hambrientas, estrechas,  silenciosas. Encallan

Leer más »

PALABRA ILUMINADA

Escribo, luego existo porque digo mi vida  y al decirla la construyo. Porque sueño la vida y al soñarla, la canto. Y cantar es vivir

Leer más »