El horizonte azul de la ciudad
ha curado mi grisura.
Ahora vivo del viento,
de las ramas de mi árbol genealógico,
de mi propia memoria
aún convaleciente.

El horizonte azul de la ciudad
ha curado mi grisura.
Ahora vivo del viento,
de las ramas de mi árbol genealógico,
de mi propia memoria
aún convaleciente.
Lo que soy es un recuerdo que una vez tuve de niño.
La música del mundo es una lágrima de viento malherido en los alambres. La noche y su jirón de estrella y sueños. La vida agazapada
Hay una rosa en los atardeceres, un pétalo en la luz de los amantes heridos por espinas y palabras. Una fragancia en cada boca, el