Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.

Iluminaste los rincones
de un lenguaje hecho de sombras.
Nació y lloró el pronombre.
Abrió, por fin, los ojos mi palabra
a la escritura irreductible de tu verbo.
Lo que soy es un recuerdo que una vez tuve de niño.
La música del mundo es una lágrima de viento malherido en los alambres. La noche y su jirón de estrella y sueños. La vida agazapada
Hay una rosa en los atardeceres, un pétalo en la luz de los amantes heridos por espinas y palabras. Una fragancia en cada boca, el