Cada vez que salía del psicólogo, Juan Carlos la llevaba a merendar a una pastelería francesa en la que se servían las mejores milhojas de crema de la ciudad. El hojaldre estaba fresco, crujiente, bien



La música del mundo es una lágrima de viento malherido en los alambres. La noche y su jirón de estrella y sueños. La vida agazapada

Crecimos al final y, aunque mayores, seguimos dejando abiertas las ventanas. Quién sabe si una noche, si en un sueño aparecen las sombras de los

Suena el viento en los cordeles. Cruje de oscuridad el patio. Silencio en las habitaciones. Apenas recuerda ya su voz, su piel, su abrazo. La

Hay una rosa en los atardeceres, un pétalo en la luz de los amantes heridos por espinas y palabras. Una fragancia en cada boca, el

Segunda a la derecha y todo recto hasta el ayer. Sólo así regresaremos al olvido naranja de las llamas de cera, al vaso opaco en

A mi abuelo lo mató un cáncer. Se llevó con él mi primigenia fantasía, las canciones con pasteles en el campo, las historias de la

Lejos de engañar al lector, de lo que se trata es de posibilitar un discurso efectivo, capaz de traducir lo intraducible. La memoria es expresión de una experiencia, ambas están unidas por el acto mismo de narrar lo vivido, y ese narrar es siempre recrear, puesto que la memoria se compone de alegorías, de metonimias, de tropos que hacen posible toda una semántica ramificada, inagotable, en un mundo, también, inagotable.

Naturaleza poética. Antología de ecopoesía y poemas de naturaleza Coordinada por Miguel Ángel Vázquez LA IMPRENTA 331 PÁG. A estas alturas del año, cuando en muchas regiones de España los ciudadanos han probado su primer polvorón tras un día espléndido en la playa, no cabe duda de que el calentamiento

La cuestión de la palabra revolotea continuamente a lo largo de la novela (“Que él se haya atrevido a hablar así. Que lo haya verbalizado de esa forma. ¡Ha de ser una maravilla ser hombre!”). Mariana, antes de morir, decide regresar al credo judío que dejó al casarse en su juventud.









Cada vez que salía del psicólogo, Juan Carlos la llevaba a merendar a una pastelería francesa en la que se servían las mejores milhojas de crema de la ciudad. El hojaldre estaba fresco, crujiente, bien
Casi había terminado de escribir el último capítulo de la novela. Sus obligaciones parroquiales estaban resultando ser agotadoras desde que se instalara en su nueva residencia, un pequeño pueblo de la sierra granadina. Debía de