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Cantar la palabra iluminada

Por José Sarria
“Palabra iluminada”
José María García Linares
Editorial Nazarí (Granada, 2018)

La genuina vocación de todo poeta está al servicio del establecimiento de la educación sentimental de su tiempo, de la construcción de una subjetividad encaminada a la reconquista permanente del ser, sin dejarse vencer por una sociedad volcada en el simple entretenimiento que conduce a la pérdida de la conciencia, en un mundo donde todas las ideas de la felicidad acaban delante de un escaparate, tal y como ha señalado el filósofo polaco Zygmunt Bauman.

El poeta, el verdadero poeta es, por tanto, un cultivador de grietas, aspirando a descubrir lo que está más allá del simulacro. Es lo que ha hecho José María García Linares, con un conmovedor y extraordinario poemario titulado “Palabra iluminada”, en la senda de la máxima de Hölderlin, cuando dice que: “Lo permanente lo instauran los poetas”, dispuesto a mirar, a ver, y, a más de ello, elaborar lo que observa, para, desde ahí, constituir un mundo nuevo que se erige por encima de la simple percepción epidérmica: “Solo cuando rompas la libreta / y guardes silencio / habrás comprendido al fin / la indecibilidad de los almendros”.

En un ejercicio riguroso de indagación y conflicto, de repliegue y validación permanente, sobre la base de un lirismo sereno que transcurre como “la dormida infancia / de un niño rubio en la mañana / esplendorosa del verano” de su Melilla natal, el poeta ha ido conjuntando aquella complicada dualidad de ética y estética: “soy lo que te dice este poema”, desde donde enarbolar la verdad que habita y que ha sabido “descubrir en la metáfora del tiempo”.

García Linares explora, desde su propia intimidad, como lo hace en los magníficos poemas “Sabiduría” o “Memorias”, sobre asuntos que conciernen al hombre y a su existencia: su momento histórico y la temporalidad vital, la identidad, el desconsuelo de lo arrebatado o la desvelación de los sentidos, en el recorrido que establecen los cuatro apartados que componen la obra, además de la impresionante testera con que inaugura el texto y que da nombre al poemario, para desde esa terraza contemplar el mundo, pero con otra mirada que le habilita para escribir “con voz de lluvia”.

Cuando la experiencia se hace insuficiente, es necesario apelar a la intuición: “¿Cuál es el verso, entonces, encendido? / ¿Dónde, iluminada, la metáfora?”, dirá nuestro poeta. Y, ahí, precisamente, se produce el milagro germinativo y fundante de la palabra poética que reinterpreta el mundo, desde una disímil contemplación, dignificándolo y elevándolo por la fuerza expresiva y creadora de la imaginería: “Escribo, luego existo / porque digo mi vida / y al decirla la construyo”.

Este es el territorio iniciático del poeta, su continente mágico, que se nos ofrece áureo y frutal, gracias a su prodigiosa palabra iluminada.

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Reseña de “Novela negra”, de José María García Linares | #mundoliterario (poesía)

«El lenguaje es vida», sostiene Piliph Roth en una de las citas que nos introducen a «Novela negra». Es vida que se crea y se destruye; vida que se transmuta, que es desollada en pos del análisis; vida que es asesinada y que nos asesina. Es así como el escritor crea su propia identidad, con la masa generadora del lenguaje, al mismo tiempo que es destruído por su propia obra, troceado para consumo del lector.

Este es solo uno de los hilos argumentales del nuevo poemario de José María García Linares, que se sumerge en las profundidades de la creación literaria como anticipo de la destrucción. «Novela negra» es una inmensa metáfora sobre la vida como obra escrita (como forzoso crimen literario desde el momento en que la obra es creada para ser publicada), sobre el tiempo homicida, perseguidor sempiterno, estafador de las almas humanas: «el poeta es un condenado a nombrar», decía Juan Ramón Jiménez.

Utilizando como eje vertebrador el lenguaje, las temáticas y los clichés principales de la novela policíaca, José María García Linares construye un poemario verdaderamente misterioso, oscuro, atemporal. El tema de la novela negra, de la literatura del crimen, sirve para retratar con gran lucidez y certeza la realidad del escritor esclavo, de la vida estafada. Como ya hizo Javier Egea en sus «Sonetos del diente de oro» o José María Fonollosa en «Ciudad del hombre», la escenografía misteriosa y el uso de recursos cinematográficos confieren al texto una sensación de oscuridad conocida, de surrealismo contemporáneo«Un cigarrillo se consume / en un cascado cenicero de Marbella / y las culebras delgadas de los humos / parecen dibujar la secreta ruta / que conduce al pensamiento / (…) ¿Qué razón habrá / para estar tan solo?».

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Entrevista al poeta José María García Linares #mundoliterario

En primer lugar, muchas gracias por concedernos esta entrevista y que la comunidad de nuestra web pueda conocerte más en profundidad.

1. En tu anterior poemario publicado, “Novela negra”, te centrabas más en el universo metaliterario, teniendo gran importancia la relación entre el lector y el autor. En “Muros”, sin embargo, la temática es más visceral y concreta: el drama de la emigración forzada y los muros que separan mundos. Cuéntanos un poco cómo surgió la idea de escribirlo y si tuvo importancia en ello el hecho de que hayas nacido en Melilla .

Desde Oposiciones a desencuentro (Dauro, 2007), mi producción poética parte del concepto unitario de libro, es decir, todos los poemas están íntimamente relacionados y responden a una temática muy concreta. El desamor y la búsqueda en el título que acabo de citar, la infancia en Neverland (Zumaya, 2010) o la incomunicación, tanto física como emocional, en Muros. Novela Negra (Devenir, 2013) es posterior y abordo en él otras cuestiones, aunque nunca abandono algunas heridas que me han hecho dedicarme a la escritura. Muros surge de la necesidad de darle voz a unos hechos que, allá por 2005, comenzaban a ser escandalosos pero que se veían todavía como algo episódico y, además, lejano, arrinconado y limitado en esa ciudad que no le importaba a nadie. Melilla es lejanía, a pesar de estar a media hora en avión de Málaga. Es soledad, abandono, distancia, siempre a la espera de que la madre patria le muestre un afecto que nunca acaba de llegar. Además, carga hoy con el peso de la desvergüenza de España y Europa, que han delegado en ella el cuidado de una frontera injusta e inhumana. Quizá el haber nacido en la periferia nacional, si se me permite, condiciona mi manera de ver el mundo. También el mar Mediterráneo nos separa a nosotros del centro, nos distancia, nos deja al otro lado. Posiblemente este sentimiento mío de abandono y soledad me llevara a acercarme al verdadero drama, agravado hoy como puede verse día sí y día también en los medios. La inmigración es consecuencia, no causa. Hasta que no se mire más allá y se aborde el origen del problema, todo seguirá igual, lo cual es como no decir nada porque a Occidente no le interesa cambiar su política económica. Siempre que trato este tema recuerdo aquello de los linajes que decía don Quijote y la respuesta de Sancho Panza. En el mundo sólo hay dos linajes: el que come y el que no puede comer, el que tiene y el que no tiene nada. Es así de sencillo. Habrá que ver por qué unos tienen demasiado y otros absolutamente nada.

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“Neverland es un sitio irrecuperable, un lugar que no está y no estará más ”

José María García Linares es escritor y profesor de Literatura en Secundaria en un instituto en Lanzarote. Este melillense quedó finalista en el pasado año del premio ‘Ciudad de Melilla’ de poesía con su libro ‘Muros’ que será publicado por la Consejería de Cultura este otoño. No obstante, sus inquietudes han dado lugar a un nuevo libro, ‘Neverland’, que recoge alrededor de 40 poemas que hablan sobre su niñez y adolescencia. García Linares también es colaborador habitual de un medio de comunicación de Melilla donde escribe una columna de opinión sobre temas de la actualidad de su ciudad.  
– ¿Cuál es el motivo del título?
– El libro se llama ‘Neverland’ y es el nombre original de la Isla de Nunca Jamás de Peter Pan.
– ¿Qué podemos encontrar en el libro que recientemente has publicado?
– Es una visión hacia atrás, hacia el pasado, hacia las cosas que conservo yo de mi vida aquí en Melilla. ‘Neverland’ es un sitio irrecuperable, un lugar que ya no está y no estará más, y al que sólamente se puede volver desde la memoria. En la novela de Peter Pan los niños para llegar a este país necesitaban el polvo de hadas y hacer un recorrido  por unas estrellas. Yo utilizo esta metáfora, ya que para llegar a ‘Neverland’ es necesario saber unas coordenadas puesto que ya no existe.

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PRESENTACIÓN DE «ENTONCES EMPEZÓ EL VIENTO» DE JOSÉ Mª GARCÍA LINARES

El pasado 26 de julio tuvo lugar, en la Sala de Conferencias del Real Club Marítimo de Melilla, la presentación de Entonces empezó el viento, obra del poeta melillense, afincado en Tenerife, José María García Linares.

Tanto la presentadora, Encarna León, como el autor, ambos miembros de ACE-A, en sus palabras de inicio expresaron su reconocimiento y admiración hacia el profesor José Luis Fernández de la Torre, autor del prólogo, fallecido en enero de 2018, por tratarse de un entrañable amigo y persona influyente en el caminar literario de los dos autores que participaban en el acto.

Entonces empezó el viento consta de un interesante prólogo, ya mencionado y de tres apartados que se corresponden con la soledad, la palabra y Melilla, elementos que se significan a lo largo de toda la obra. Lleva una cita inicial de Fernando Pessoa que lee: “Siempre fue así mi vida, y así es como quiero que pueda ser siempre” y a continuación José María nos indica que él quiere ser: “Palabras / ordenadas en poemas, / una vida de papel. / Una hoja que respira”. Ciertamente el poeta se identifica en la escritura y la necesita para vivir y comunicarse. No se reconoce de otra manera ante la vida. Hay en los versos de este libro una constante presencia de García Márquez y sus Cien años de soledad, así como la evocación de algunos de sus personajes.

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Ábrete, cielo Libros de Poesía

LO QUE HUBO AQUÍ UNA VEZ

Para Antonio Orihuela

Seguramente, en otro tiempo

contemplar este paisaje

era una forma de volver

a revivir nuestros orígenes.

Horizontes brumosos

como el primer significado.

Bosques repletos de memoria, 

de voces, de destellos,

de rostros que ocuparon otro tiempo.

Ríos cargados de agua fresca,

de ninfas, de hojarasca y transparencia,

ríos repletos de vida

que se funden con el mar,

océanos henchidos

como el pecho alegre de ese hombre

que miraba el horizonte

y contemplaba su paisaje,

nada parecido

a lo que ven mis ojos hoy.

En el monte hubo una vez un bosque

y en el bosque un río y en el río

la vida cristalina que perdimos.

Los esqueletos de los adosados

son los que dan ahora la sombra. 

Bloques de hormigón abandonados,

plástico enredado en los matojos secos,

una verja solitaria y oxidada

a punto de venirse abajo. 

Hace un calor extremo.

Yo podría hablar en mi poema

de la sabiduría de las piedras, 

de la luz del pensamiento,

de una musa en bañador

o del amor en una copa de ginebra, 

pero el calor es extremo

y son tantos los vertidos,

las nubes de residuos en el cielo,

los mares enfangados de desechos

y tantas las especies malheridas

que da vergüenza hablar de amor, de alcohol o musas.

Por eso escribo ‘bosque’ y ‘río’,

escribo ‘mar, ‘agua’ y ‘océano’,

para que existan, así, en estos versos,

para que nadie olvide lo que fueron,

que vendimos nuestro tiempo y nuestro espacio

para hacernos propietarios,

para crecer y progresar y trabajar y ser felices

y seguir creciendo sin descanso como un cáncer,

para inventar la bomba atómica

y llegar a Marte a costa de la sangre de la Tierra

y acabar comprando el aire fresco

con el que combatir este calor oscuro

que ha provocado nuestra venta irreparable.

Mientras se mueren los delfines

en un mar recalentado

y el reposo de las aves

se vuelve edificable,

las terrazas se inundan de cerveza,

de licores los puertos deportivos,

de ignorantes los hoteles cinco estrellas,

y se escribe con petróleo en los diarios

que volvemos a crecer al 3%,

aunque el calor siga asfixiando.

Si fuésemos capaces de extraer

todas las bolsas de palabras fósiles

con las que mover un nuevo mundo,

ésas que se extinguieron hace tanto.

Que del precio del barril

de ‘responsabilidad’

dependiera nuestra vida cotidiana,

que de las prospecciones de ‘conciencia’

sacaran pecho los gobiernos,

que el fracking extrajera la ‘cordura’ a borbotones

para ser capaces de afrontar

esa verdad incontestable:

no nos queda ya

ni tiempo que vender.

El calor es asfixiante.

Dicen que miles de peces muertos 

han llegado hasta la orilla

y el alemán es un cliente imprescindible.

Todo lo que hubo aquí una vez.

Todo lo que matamos.

Todo lo que, faltando,

nos matará a nosotros.

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NACER PARA APRENDER, VOLAR PARA VIVIR RESEÑAS

APRENDIZAJE Y EXISTENCIA

Por JOSÉ LUIS MORANTE

El aserto Nacer para aprender, volar para vivir, que define este estudio crítico sobre la poesía de Begoña Abad, enlaza textura biográfica y recorrido escritural, es un acierto del ensayista José María García Linares, Filólogo, Doctor por la Universidad de Granada y docente en ejercicio en la Comunidad Autónoma de Canarias. Es difícil adentrarse en los estratos poéticos de Begoña Abad (Villanasur Río de Oca, Burgos, 1952) y abstraerse del sujeto real. Al menos para mí, que conocí a la persona y su pletórica humanidad con sombrero en el evento Voces del Extremo, unas jornadas de reflexión y diálogo celebradas en Béjar, en el poderoso verano de 2009. Como ocurría con otros integrantes de aquella convocatoria, periférica y a trasmano del enfoque oficialista de la poesía actual, no tenía ningún trazo de su fisionomía literaria. Pero, según aseveraban los filósofos estoicos, el lenguaje de la verdad no requiere circunvoluciones explicativas para hacerse mediodía y claridad. Capté de inmediato la sencillez, el cálido escepticismo aliñado de ironía y su generosidad expansiva hasta el punto de que su amistad fue el mejor legado del alboroto bejarano. Un año después, propició una lectura poética de mis versos en Logroño. En unas horas de grato recuerdo conocí el quehacer laboral del Ateneo y los aledaños de un río Ebro de aguas transparentes y gélidas. También la acogedora casa de Begoña, su quehacer laboral y aquella azotea abierta, como un mirador suspendido, a los tejados de una ciudad levítica.

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CÁNTICO RESEÑAS

LIRAS Y CONCERTINAS

Por JOSÉ LUIS MORANTE

Cuando habitamos un colorista mapa lírico asentado sobre la libertad estrófica y el verso libre, muchas veces casi en el borde mismo de la prosa, el poeta, ensayista y docente José María García Linares (Melilla, 1977) recupera un esquema clásico, la lira, plenamente apegada al discurrir sosegado de la tradición. Su vehemente cultivo arranca en Garcilaso de la Vega, en el intermedio áureo del Renacimiento, y ha tenido excelsos cultivadores como Fray Luis de León y San Juan de la Cruz. El sólido basamento expresivo prosigue ruta hasta el presente, donde el novísimo Antonio Carvajal personifica al mejor artesano formal  y al impulsor más vehemente de las formas cerradas.

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CÁNTICO RESEÑAS

García Linares, habitante de los márgenes

Por REMEDIOS SÁNCHEZ GARCÍA

Existe desde siempre en lo literario una tendencia dominante que es la que marca el canon sincrónico y una serie de grupos y estéticas que se mueven en la periferia (con sus intentos por alcanzar ese epicentro, también es verdad) y que desarrollan su trayectoria al margen de grupos de poder. Únicamente desde el compromiso con su quehacer poético cotidiano. En esa línea de autores se encuentran —a veces— poetas interesantes como es el caso de José María García Linares (Melilla, 1977). El melillense afincado en Tenerife viene desarrollando una carrera sin prisa pero sin pausa  de la que me gustaría destacar Muros (2009, accésit al Premio Ciudad de Melilla),  Neverland (2010), Novela negra (2013), Palabra iluminada (2018) o Entonces empezó el viento (2019).

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Entonces empezó el viento Libros de Poesía

LOS ESPEJOS DE MELQUÍADES

He vuelto tantas veces de la muerte

que ya no dicen nada los espejos.

Se han desvanecido los recuerdos

como la lluvia muere en el asfalto.

Mi reflejo es transparente soledad

entre la luz y la tormenta.

Tan sólo una silueta,

una mueca malherida

 en el fondo de los charcos.

Llevo siglos escribiendo este poema

y aguardando a que la vida

no me arranque, caprichosa,

de la muerte.

Cada vez que abro los ojos a este cielo

de nuevo las palabras 

yacen débiles, enfermas,

incapaces de decir lo que dijeron.

Reescribo, entonces, con dolor

el origen, el destino, la memoria.

Apenas queda tiempo para amar,

para comer o para el sueño, 

así es la enfermedad de la escritura.

Vivir es un artrítico tormento

de ojos delirantes y manos arrasadas.

Son tantas las palabras

y tan largo el tiempo…